Cambio+Farmacia+Industria+Salud Personalizada

Pharmanifesto

Ayer oí por enésima vez un comentario poco amable con el sector farmacéutico, en este caso por parte de una persona que se dedica profesionalmente a la salud:

“a las empresas farmacéuticas no les interesa curar las enfermedades, porque así tienen un amplio colectivo de pacientes cautivos de sus tratamientos”

No entré al trapo en ese momento y no entro tampoco ahora porque creo que más allá de defenderse de este tipo de comentarios, el sector debe ser capaz de regenerar su imagen y crear las condiciones para que la percepción de los ciudadanos no sea mayoritariamente negativa, para que las compañías farmacéuticas no sean las malas de ninguna película. Por ello, y a pesar de que ya existen códigos éticos de promoción en asociaciones de carácter transversal e internacional como IFPMA tal vez sea necesario simplificar en forma de documento breve los principios básicos que representen el espíritu de nuestro sector en nuestro conjunto y que no he sido capaz de encontrar en ninguna parte. En un alarde de atrevimiento por mi parte, le he puesto nombre, Pharmanifesto. Está en construcción, y no sé muy bien por dónde empezar. Sólo sé que ha de ser breve, inteligible, creíble, sincero y comprometido. Tal vez empezaría, al hilo del comentario de ayer, por dejar claro que:

“El objetivo de la industria farmacéutica es investigar, desarrollar y poner a disposición de los pacientes, fármacos que curen la enfermedad para la que están destinados. Sólo si la curación no es un objetivo alcanzable con los conocimientos y la técnica disponibles, los fármacos deberán perseguir el alivio y el control de los síntomas y signos de la enfermedad durante el mayor tiempo posible”

Reconozco que la redacción de este primer principio no me ha quedado especialmente brillante. Pero al menos creo que queda clara la intención. Iremos mejorando….

Las empresas prefieren escuchar a los directivos que hablan con seguridad, con convicción, (aunque sea para decir que vamos a hacer lo que siempre se ha hecho) que a aquellos que proponen ideas disruptivas, pero con el envoltorio de la prudencia y la duda. Lamentablemente, la prudencia y la duda se asimilan a debilidad y en mi opinión esa es una postura equivocada. La verdadera debilidad radica en mostrar una falsa seguridad para no cambiar nada. Dudar es humano, es necesario, y abre caminos. Sobre todo porque actuar a pesar de la duda nos prepara para saber responder ante los errores y aprender de ellos. Ejemplos:

a.      Afirmación segura: Debemos incrementar nuestro ratio de visitas por médico, porque en este momento 8,3 visitas/día es un ratio por debajo de la media del mercado. Así, estaremos en condiciones de llegar a los objetivos anuales que la empresa se ha marcado.

b.      Reflexión dubitativa: Probablemente hay cada vez más médicos que no desean ser visitados por nuestros vendedores. Probablemente la respuesta inmediata de los médicos al hecho de que reclamemos su atención, de que interrumpamos su tiempo asistencial, es rechazarnos, o en el peor de los casos, pedir algún tipo de compensación a cambio y eso supone tener que invertir recursos en pagarles la asistencia a un congreso o una reunión científica que se sumará a las numerosas que ya existen. Valdria la pena probar otras formas de relación menos intrusivas, usando el entorno de internet, para generar más confianza, para establecer relaciones en las que el negocio no sea un objetivo sino una consecuencia

Sí ya sé, soy un idealista. Julio Verne también lo era. Pero finalmente se llegó a pisar la Luna.

La noticia me la envía un amigo, a mí me pasó por alto en su momento. En Pamplona, un grupo de expertos se reunieron hace un mes para debatir sobre el futuro de la ordenación del territorio. En esencia se trataba de analizar el impacto del encarecimiento del petróleo en nuestro estilo de vida. Apuntaban a que las ciudades tenderán a compactarse y a crecer en función de la disponibilidad de energías renovables en su entorno. Los grandes desplazamientos están cada vez más en entredicho. Barriendo para casa, apunto algunas consecuencias cercanas en nuestro sector de la farmacia y la salud:

  1. La decisión de dónde vivimos será cada vez más importante y no se supeditará tan fácilmente a razones laborales (“debes trasladar tu domicilio porque la central está en tal ciudad”). De hecho,  las empresas flexibilizarán su condiciones de contratación. Siempre será preferible contratar talento, aunque no viva cerca.
  2. Me quedo con una frase del artículo: “…van a dejar de existir los vuelos que cuestan menos que el taxi al aeropuerto”. Cualquier modelo de negocio basado en desplazamientos estará en cuestión. Y por desplazamientos no sólo debemos entender los que realizan las estructuras comerciales. También debemos incluir actividades como congresos y reuniones, que se han multiplicado de manera considerable en los años de bonanza energética del petróleo (o de inconsciencia energética, más bien). La formación continuada encontrará, sin duda, otras formas de materializarse apoyándose cada vez mas en formatos virtuales.

Los cambios de paradigma, a los que aluden los expertos de la reunión, no afectan sólo a la manera en cómo vivimos. Afectarán también a la manera en como trabajamos. ¿Cuando empezamos a reorganizarnos territorialmente?.

Antes de la era de Internet, las empresas podían controlar mejor la imagen que deseaban transmitir a través de los medios de comunicación. Tanto si tu empresa aparecía por motivos loables, como si lo hacía por alguna desafortunada circunstancia, el medio actuaba como un gran cedazo donde el lector tenía que realizar un pequeño esfuerzo para encontrarte. Lo que acontecía con tu empresa, quedaba diluido, para bien o para mal, entre muchos otros impactos periodísticos.

Ahora, las reglas del juego son muy diferentes. Los buscadores, especialmente Google, actúan a modo de imán de manera que saber de tí, de tu empresa, se convierte en una suerte de ejercicio de electromagnetismo descontrolado que atrae de golpe hacia la pantalla todo lo bueno y no tan bueno, lo que sucedió ayer, y lo que sucedió hace 10 años.

Lo que no deja de sorprenderme, es que la mayor parte de empresas que conozco directamente asisten especialmente preocupadas a este cambio (bueno, sólo las que se han enterado de este cambio) pero parecen incapaces de reaccionar de manera eficaz. Básicamente, las carencias son tres:

1. Velocidad divergente. La información que se produce sobre la empresa, desde dentro de la empresa, es inferior a la información sobre la empresa que se produce fuera de la empresa. Y el “gap” o diferencia de velocidades no hace más que aumentar.

2. Falta de conocimiento del nuevo entorno. A estas alturas, me entristece hablar del mundo digital como un nuevo entorno, pero para la mayoría de actuales dirigentes de empresa, realmente lo es.

3. Minusvalorar los riesgos de una información negativa. O lo que es lo mismo, pecar de soberbia y creerse invulnerables.

No podemos cambiar la realidad de este nuevo efecto imán. Por lo tanto, las grandes empresas tradicionales deben re-aprender a informar , a informar mejor, a informar de manera cercana, natural, y creíble, a dialogar más allá de los tradicionales departamentos de comunicación corporativa. Resultaría muy triste que la supervivencia de muchas empresas no dependiese tanto de sus desarrollos científicos, como de su falta de agilidad a la hora de entender cómo desenvolverse en Internet.

Ya sé que cuando hablamos de empresas, aunque estas sean laboratorios farmacéuticos, debe darse por sentado que existe un beneficio económico, que es necesario que lo haya, que la supervivencia de la empresa y el objetivo para el que fue creada dependen de que la empresa sea rentable.

Pero cuando una empresa se dedica a desarrollar productos y servicios para preservar la salud de las personas, debería ser obvio que su objetivo trasciende al meramente económico. Por eso, siento una profunda tristeza cuando oigo a médicos, a gestores de centros hospitalarios, referirse a los laboratorios como “casas comerciales”. Creo que es en gran medida responsabilidad nuestra el conseguir  con nuestra actividad diaria que la imagen que tengan en su mente nuestros clientes no sea la de una “casa comercial”, independientemente de que tengamos con ellos también una relación comercial. Tenemos un claro problema de posicionamiento, en el sentido más clásico que se le da a este término en marketing, y así mal vamos.

Peor aún, mi tristeza aumenta cuando oigo a personas del sector, a directivos, usar esta expresión con naturalidad, refiriéndose a los laboratorios para los que trabajan.

A ver, que levante la mano quien, trabajando para la salud, quiera formar parte de algo más que de una “casa comercial” !!!

Doce años. Durante las últimas décadas ese ha sido el tiempo promedio que ha necesitado una empresa farmacéutica desde que una nueva idea se transforma en un medicamento comercializado. Es un proceso largo y extraordinariamente costoso. El modelo de negocio de los laboratorios farmacéuticos -de los que investigan, claro, no de los que comercializan productos genéricos- se encuentra altamente condicionado por su I+D.

¿Que sucedería si ese tiempo se pudiese recortar de forma drástica?. Pongamos que fuera posible reducirlo a tres años, una cuarta parte, el tiempo habitual de investigación y desarrollo en muchos otros sectores. Obviamente no se deberían comprometer ni un ápice el rigor y las garantías de eficacia y seguridad del medicamento resultante.

Algunas empresas intentan aplicar esquemas de optimización de procesos  y mejoras de eficiencia en sus departamentos de I+D, pero parece que los resultados en lo que respecta a la reducción de tiempo total son más bien discretos. También es cierto que una parte de este proceso es eminentemente burocrática (procedimientos de registro y autorización por parte de las administraciones sanitarias) y no parece sencillo reducirla.

La supercomputación ha sido un ámbito tradicionalmente reservado a proyectos de instituciones académicas, o a iniciativas de muy alto presupuesto, como la carrera espacial. Sin embargo, las alternativas de computación distribuida o los futuros ordenadores cuánticos acercan sustancialmente potencias de cálculo que ya se miden en Petaflops a los presupuestos que manejan multinacionales de tamaño medio.

Cierto que ya se usan modelos de supercomputación en algunas fases del diseño de nuevas moléculas, de modelización de estructuras tridimensionales, de topografía de receptores, etc. Pero me pregunto qué sucedería si se consiguieran trasladar muchas más pruebas de la fase de investigación preclínica, e incluso de la fase clínica, a modelos evaluables mediante simulación aprovechando la capacidad de cálculo que empezamos a tener disponible.

Muchos desafíos, muchas trabas, incluso legales (para admitir la versión “virtual” de pruebas y ensayos que actualmente se realizan físicamente) y una gran dosis de incertidumbre, hacen que en este momento, la supercomputación en la industria farmacéutica no sea más que una anécdota

Sin embargo, estoy convencido de que una parte importante de la competitividad futura de las empresas farmacéuticas se basará precisamente en reducir el “time-to market” y eso sólo será posible mediante soluciones no convencionales, arriesgadas, casi visionarias. Además, reducir el periodo de I+D hará que la investigación no sea tan cara y que para tener éxito no sea condición imprescindible el ser una empresa muy grande.

¿Algún laboratorio farmacéutico se anima, no sólo a usar sino a invertir en supercomputación?

Te recomiendo este libro, que acaba de ser presentado en Madrid y Barcelona y que puedes descargarte desde aquí. Y te recomiendo a sus autores, Antoni Gutiérrez-Rubí y Juan Freire, por su esfuerzo pedagógico en la siempre complicada tarea de detectar y explicar tendencias, que tendrán un impacto relevante en nuestra vida profesional y personal.

De los diferentes ámbitos que analizan, me gustaría hacer énfasis en este blog precisamente en los cambios a nivel de modelos de negocio y de organización. Trasladando sus reflexiones al terreno en el que yo me muevo, siento una gran curiosidad por ver cuáles serán las organizaciones del sector de la salud capaces de adaptarse de manera razonablemente eficaz en la próxima década a los escenarios que los autores describen.

Imagina que llaman a tu puerta y te encuentras con un joven trajeado y sonriente que viene a reclamar tu atención (y a pedirte un poco de tu valioso tiempo) para explicarte las bondades de una nueva herramienta de búsqueda para internet. Trae, por supuesto, un folleto en la mano y un discurso prefabricado con apariencia de espontaneidad…

Puedes imaginar la continuación de la historia como te parezca: diciéndole que no tienes tiempo para atenderle, haciendo como que le escuchas pero manteniendo tu pensamiento en otra parte, aceptando el bolígrafo con las bonitas letras del buscador serigrafiadas, indicándole que el resto de buscadores ya satisfacen tus necesidades de búsqueda…

¿Nos parece un ejemplo fuera de lugar?. De acuerdo, los bits no son iguales a los medicamentos y probablemente la comparación que sugiero tiene muchos aspectos discutibles. Pero la realidad es que Google no ha necesitado un colectivo de personas sonrientes y persuasivas para captar nuestra atención, para seducirnos, y para convencernos de la utilidad que nos ofrece a diario. Sólo quería sugerir que algún día el actual modelo comercial en la industria de la salud nos parecerá tan fuera de lugar como este hipotético vendedor de Google.

¿Alguien recuerda cómo estaban redactados los prospectos de los medicamentos hasta hace no muchos años?. Resulta evidente la mejora, precisamente porque se ha realizado el esfuerzo de simplificar el lenguaje técnico que antes se usaba y expresar los conceptos de una manera más directa, simple, inteligible. En la actualidad, es probable que la mayoría de personas no se sientan como analfabetos funcionales al leer las instrucciones de uso, las advertencias, o los posibles efectos secundarios.

Por eso, porque los prospectos de los medicamentos demuestran que es posible usar un lenguaje llano sin perder rigor, sin dejar de informar adecuadamente, es por lo que sueño con el día en que también el lenguaje utilizado en la comunicación corporativa descienda de las alturas en las que se encuentra y gane en proximidad, en sencillez, en credibilidad. Actualmente, uno de los desafíos clave que tenemos en la industria de la salud es saber explicar lo que hacemos.

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